miércoles , 25 mayo 2022

¡Duarte confiaba en las mujeres!

Por: Petronila Dotel

Historiadora

Santo Domino: No existen pruebas de que alguna mujer formó parte de la fundación de la Trinitaria el 16 de julio de 1838; sin embargo hay motivos contundentes para afirmar que Juan Pablo Duarte confiaba en las mujeres para la realización de su gran sueño, crear la República.

Las mujeres dieron su apoyo a la causa y se integraron desafiando su época. «En toda esa lucha- nos relata la destacada historiadora Reina Rosario-desde antes de fundar la Trinitaria hasta su muerte, es preciso destacar el hecho de que Duarte contó con el apoyo incondicional de varias mujeres».

Doña Chepita: ¡La madre vigilante!

La formación de la organización secreta tuvo lugar en la casa de Doña Josefa Pérez de la Paz-Chepita-, madre de Juan Isidro Pérez, integrante fundador de la organización conspirativa. Con esa decisión se demuestran dos cosas: Primero, el valor estratégico del día, pues sabemos que se celebraba la fiesta del Carmen, ocasión muy bien aprovechada para no despertar sospecha de tan importante reunión. Por otro lado, da cuenta de la certeza de Duarte de que se podía confiar en Doña Chepita.

El historiador Vetilio Alfau refiriéndose a esa decisión se pregunta: «¿Por qué escogió Duarte la casa morada de doña Chepita para juramentar a los apóstoles que había escogido para esparcir la buena nueva del Evangelio Nacional, contenido en el Credo Trinitario por todos los ámbitos de la parte Este de la antigua Española? ¿No es ello una prueba evidentísima de que esa señora le merecía alto respeto y plena confianza?»

Doña Chepita fungía como vigilante activa de la primera reunión donde un grupo de jóvenes se comprometían de forma solemne a luchar por un proyecto de tan gran magnitud. Doña Chepita es reconocida como la primera comunicada. Con ese nombre fueron denominadas las mujeres que participaron en la creación de la República. Sus acciones, marcadas por el contexto de una sociedad que respondía y sigue respondiendo a los cánones del patriarcado, se limitaron a una labor de apoyo que con orgullo reconocemos como prueba fehaciente de la disposición de lucha de la mujer dominicana.

Escondido por María Baltasara

Otro hecho clave donde Duarte muestra nuevamente su confianza en las mujeres lo constituye el hecho de haberse escondido en la casa se María Baltasara de los Reyes, tal lo refiere Vetilio: «En su casa se ocultó Duarte cuando era sañudamente perseguido por los haitianos en julio de 1843» Estamos ante un hombre que confiaba en su grupo y no dudaba del valor de mujeres como María Baltasara de los Reyes.

La confianza para un líder político es fundamental, ya que esta le impulsa a creer y a delegar. La confianza en la política constituye un elemento clave para el ejercicio pleno y seguro de todas las acciones. Considerada como un valor incuestionable, la confianza política es universalmente buena para la democracia. El líder que confía en sus seguidores directos e indirectos indica su fe y seguridad.

La confianza de Duarte en su proyecto lo glorificó al darle paso a las mujeres que pudieron entrar en las actividades de la Dramática, la Filántropa o en las acciones antes señaladas. La confianza se construye en ambientes de cercanía los cuales permiten creer en los demás, y es justamente lo que denota la actitud del padre fundador, su capacidad de creer, su fe en la gente que le rodea y en la idea que llevaba en sus manos.

Con la hermana predilecta

Al revisar la participación de mujeres en el proceso independentista, nos encontramos con la labor que le tocó en el ostracismo a Rosa Protomártir Duarte Diez, considera por Emilio Rodríguez Demorizi «como una mujer de mármol» Aquí el referido escritor al caracterizarla de esa manera está reconociendo su «consagración» a lo que Emilio llama «angustiosa vida».

Lo expresa por los tantos sufrimientos de la familia Duarte al ser desterrados a Venezuela y de cómo Rosa asumió el papel de líder de su familia. ¿A qué labor me refiero? A la redacción de los apuntes en la que ella, a mano, va narrando, organizando, toda la información relativa a la fundación de la República. Quizás para algunos esto no tiene nada que ver con Duarte y lo planteado aquí sobre la confianza depositada en las mujeres del movimiento. Rosa fue una militante de la causa separatista, fabricó cartuchos, se integró en la Dramática, estuvo muy de cerca en las acciones de su hermano, lo cual demuestra que era una persona en la que se podía confiar.

En tal sentido, la redacción de su diario denota mucha cercanía, pero sobre todo una clara actitud de confianza en la firmeza de esa joven comunicada, pues es obvio que tuvo acceso a informaciones muy valiosas y supo cuidarla con celo y firmeza.

La redacción de los apuntes es catalogada como imponderable por el escritor Emilio Rodríguez Demorizi: «La importancia histórica de los Apuntes es imponderable: La importancia histórica de los Apuntes es imponderable: constituyen el Nuevo Testamento de nuestra historia, el patético vía-crucis de Juan Pablo Duarte. Sus testimonios son dignos del mayor crédito: como se basan, principalmente, en documentos fehacientes, la exactitud no puede ser mayor, no sólo en cuanto a la cronología sino también a la transmisión de los hechos.»

Duarte, creador de los perfiles del Estado Nacional, necesitaba confiar en hombres y mujeres para lograr el más excelso de su proyecto. Era imperativo involucrar al pueblo, confiar en sus aspiraciones, infundirles la conciencia necesaria para lograr la meta preciada. Ese primer involucramiento se dio en la Trinitaria, pero sobre todo en las demás agrupaciones creadas, pues ellas tuvieron una labor de cara a las masas en la que se usó el teatro como motivación y difusión. Tal como refiere el ilustre historiador dominicano Roberto Cassá, «el objetivo de las nuevas sociedades, sobre todo de la segunda , perseguía conectar un público más amplio.»

El poder de la confianza que poseía el Duarte-líder no solo logró la incorporación de mujeres a la causa nacional, sino que enroló a sectores que por razones de «color» sentíase vinculados más a Boyer, este hecho lo relata Cassá cuando dice: «De lo anterior se desprende que la preparación de las condiciones para la ruptura con Haití comportó, como elemento indispensable, la sumatoria de los «de color» que habían concedido apoyo a Boyer, sustentados en consideraciones étnicas y por el temor a cualquier retroceso que conllevase la pérdida de los avances logrados en 1822. El proyecto de Duarte rompía barreras, solo de esa manera habría de convertirse en hecho. Su visión y aquilatamiento del momento lo hizo tomar las decisiones oportunas y sumar sectores claves.

En el caso de las mujeres y demás sectores presentes en esos momentos cruciales para nuestra determinación política, su integración nos declara que:
a) La participación en la historia no depende del género, sino de la realidad misma. Las circunstancias tanto individuales como colectivas impulsan a los sujetos a involucrarse en determinados eventos, sobre todo, esos eventos que cambian para siempre el orden de las cosas. Las mujeres siempre han estado en la historia, porque la historia es la vida misma. Ahora bien, en nuestra historia las mujeres han estado «ausentes»; a pesar de eso, tal como refiere Reina Rosario: «Sin el aporte de ellas, que no está recogido en el relato histórico, la conformación y consolidación de acontecimientos trascendentales, entre ellos la independencia nacional, no hubiese sido posible.»

b) La historia dominicana tiene una deuda con las mujeres por invisibilizar su participación en los procesos políticos claves creadores de lo que llamamos República. Para ello urge revisar el concepto «participación» incluso examinar el concepto mismo de historia. Porque, ¿Qué historia es esa que solo toma en cuenta algunas acciones, algunos sujetos, algunos eventos? Hostos diría: «Es, sobre todo, la historia de los malvados». Hoy diríamos que es la historia que responde al paradigma tradicional, la historia política, «historia rankeana» por el gran el gran historiador alemán Leopold von Ranke . Por fin estamos ante nuevos planteamientos sobre la narración histórica, se trata de la nueva Historia. Ella, la nueva Historia, conjuga una serie de rasgos esperanzadores al abrir su escritura hacia temas ignorados por la historia tradicional. En este nuevo paradigma entra la historia de las mujeres porque «La nueva historia, por su parte, ha acabado interesándose por casi cualquier actividad.»

Finalmente la confianza de Duarte en las mujeres que apoyaron la lucha independentista responde a su visión progresista, liberal y patriótica. Un patriota reconocedor del valor de cada sujeto en la trama conquistadora de sueños. Un liberal consciente de que la igualdad es cimiento del modelo de sociedad que promueve. Duarte era un político completo.

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